Era solo un pequeño niño de cinco años, cuando mis hermanos jugaron Ocarina of Time en el Nintendo 64, nada me emocionaba como la pelea final entre Link y Ganondoft, y nada me asustaba como cuando este último salía del Castillo de Hyrule en su córcel en la persecución de la princesa Zelda, y te míraba fijamente antes de dejarte inconciente.
Inconciente yo también, de que estaba frente al considerado mejor juego de la historia. Crecí, y escasamente toqué el control del Nintendo 64 para probar tal joya, y así mismo en las reediciones para GameCube y la consola virtual de Wii. Años más tarde, más precisamente en este 2011, he decidido aprovechar esta reedición en 3D del más grande juego de la historia, para tener esa experiencia que muchos nunca podrán olvidar.

